La próxima guerra en Europa o “no será un continente para viejos”

La próxima guerra en Europa será, como todas, una guerra por el poder y el dinero. Como todas, nacerá de la incapacidad de los distintos grupos de seres humanos para alcanzar un acuerdo sobre la división de los bienes físicos o inmateriales sobre los que consideren que tienen algún tipo de derecho. ¿Dónde prenderá la mecha del conflicto? ¿Conflictos nacionalistas en Europa occidental? No parece que exista ni el deseo ni la capacidad de generar un conflicto más allá del terrorismo de mayor o menor intensidad, a pesar de su encendida dialéctica que llama a la lucha en muchos rincones de Europa. ¿El renacimiento de las llamas desde las ascuas en los Balcanes? Las actuales fronteras probablemente colmen las aspiraciones reales de los antiguos contendientes, por no mencionar el papel moderador que realiza la Unión Europea en la zona mediante la pertenencia o promesa de la misma y la promesa de desarrollo económico que conlleva. ¿Las potencias del Este, Rusia y Turquía? En realidad parecen más atentas al buen negocio que resulta la vecindad con Europa y les permite su propio desarrollo interno que a la expansión territorial.

Algo más plausible sería un conflicto en aquellos países donde existe una división étnica, lingüística y/o religiosa con un mayor balance. Después de la pacífica división de Checoeslovaquia justo hace ahora 20 años, se me ocurren dos ejemplos: Bélgica y Ucrania. El primero queda descartado, aparte de por la lógica pereza que les puede causar a los interesados, por el hecho de estar más vigilados que un cangrejo en un cubo, rodeada de las ex potencias (Holanda y Francia) y de otro vecino al que no le gusta el ruido, Alemania. Finalmente Ucrania, escenario de revoluciones bastante convulsas recientemente y con una población que mantiene resentimientos vivos hacia la patria de origen de la otra mitad, Rusia, es por otra parte un país tapón entre Rusia y Europa occidental, y su relevancia geoestratégica, como punto de paso del gas ruso a los hogares europeos, hace difícil el desencadenamiento de un conflicto real sin intervención de sus vecinos.

Si estos candidatos no convencen, echemos una nueva mirada para ver si hemos pasado algún detalle por alto. Examinemos, entonces, otras fuentes de conflicto, quizás menos claramente territoriales ¿Vuelta a las barricadas, al marxismo leninismo, a la lucha de clases? Sí, pero con un toque del siglo XXI.

¿Y cuál es esa diferencia respecto a las revoluciones comunistas vividas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX? La pirámide demográfica. El nuevo proletario del XXI en Europa no es tanto el trabajador sin educación que vende su fuerza de trabajo indiferenciada, sino las generaciones jóvenes en general, aunque por supuesto el segmento con un menor nivel de educación se enfrenta a un problema doble en un mundo donde los mercados y la competencia están en gran medida globalizados.

Examinemos con más detalle las nuevas generaciones en Europa. ¿Por qué son un nuevo proletariado? Porque carecen de acceso a los medios de producción, físicos o no, es más, en algunos casos viven en la indigencia (aunque no se den cuenta, cómodamente instalados en casa de sus progenitores). ¿Qué es, si no, una tasa de paro juvenil del 50% en muchos países de Europa, o de hasta el 70% en algunas provincias de España? ¿Cómo denominar a un grupo social sin más alternativa que la emigración o la aceptación de salarios que impiden la emancipación o la creación de un hogar?

¿Por qué es una guerra? Porque no existe posibilidad de acuerdo entre las generaciones contendientes. A un lado del ring, la generación de los nacidos entre los años 40 y 60 grosso modo. Una generación muy exitosa en todos los planos, el económico, el intelectual y cultural y que ha construido en gran medida la sociedad europea moderna, tal como la conocemos. El problema es que esa generación está ejerciendo una temible, aunque en gran medida inconsciente tiranía sobre la generación de sus hijos y nietos. Repasemos algunos de los hechos. Es una generación que se ha arrogado privilegios que, por definición, obligan a la siguiente generación a la subsistencia, perpetuándose en el poder y, además, les ha escamoteado una educación basada en el esfuerzo. Graves acusaciones que analizaremos en mayor detalle. Al otro lado del ring: una generación escasamente consciente de sí misma, muy tecnológica, más preparada intelectualmente que las anteriores pero hasta ahora menos sufridora. ¿Quién ganará?

En un mundo globalizado, según estamos comprobando desde el desencadenamiento de la crisis, es imposible sobrevivir como país si no se es competitivo. ¿Cómo mantener una aerolínea rentable (o intentarlo) si el sueldo de una azafata, cuyo valor añadido consiste en sonreír (a veces, pocas), es de 70.000€? ¿Cómo puede un trabajador de la mina jubilarse a costa del erario público con 40 años con la pensión máxima o tener un cajero de banco un coste-empresa (salario más seguridad social) de 60,000€? Ustedes ya lo han adivinado, haciendo que el becario trabaje gratis. Al aspirante a funcionario, interino. Al licenciado, emigrante. Pagando salarios en B para evitar el coste de las cotizaciones. Además, en un entorno de crisis, ¿quién aporta la flexibilidad? Acertaron de nuevo: como despedir a un empleado con 25 años de antigüedad es financieramente un suicidio, hemos encontrado un joven voluntario que firmó un contrato que no tenía antigüedad.

¿Qué ha hecho el joven? Pues volverse a casa de sus padres con todo el dolor de su corazón, donde aquellos le han acogido con infinito cariño y le procuran manutención y cuidado. Esto demuestra lo equivocado de mi argumentación, pensará más de uno (especialmente de la generación discutida). Nada más lejos de la realidad. El problema de verdad es que precisamente esa serie de privilegios que tiene la generación de los baby boomers, la que sostiene a sus retoños, es la misma que los ahoga. Si no hubiese que pagar indemnizaciones de despido inasumibles, sueldos públicos incrementados durante décadas sin preguntarse si tenían alguna relación con un incremento en la productividad o no, o prejubilaciones a precio de oro, el país sería laboralmente competitivo, y habría un hueco para sus miembros más jóvenes. Finalmente, la perspectiva de recibir una Seguridad Social que es un puro esquema Ponzi puede ser la gota que colme el vaso. La generación de los baby boomers cotizó a la caja con una relación de trabajadores sobre pensionistas del entorno de 3 ó 4:1; sin embargo en 20 años esa ratio puede caer hasta el 1,5 ó 2:1, significando una losa financiera inasumible para una generación, a la que, por otra parte, no se le preguntó si estaba de acuerdo con la misma.

Por lo tanto, para las generaciones más jóvenes se impone la necesidad de un cambio. Éste puede venir por arriba o por abajo en la sociedad. Repasemos el armamento: la generación de baby boomers tiene la conciencia limpia, es la clase política y cuenta con una falange de prietas filas de votantes jubilados cual “tortuca” romana. Del otro lado, una creciente cantidad de jóvenes desafectos al sistema de sus mayores, desesperados por no encontrar trabajo y humillados por la incapacidad de tener un futuro tan siquiera similar al de sus padres y con una creciente conciencia de la necesidad de cambiar una sociedad que les postra. ¿Quién ganará? A corto plazo, la generación actual, sin duda. ¿Han visto ustedes algún miembro de los sindicatos mayoritarios o político con pinta de mandar algo con menos de 45 años? El control de los resortes políticos obligará a que el cambio sea lento, por lo que la presión de la olla social europea no parará de crecer.

Sin embargo, a medio y largo plazo, con el cambio generacional en la clase política, la élite empresarial y cultural… aparentemente pasará muy poco, pero la guerra secreta estará en pleno fragor. Discursos sobre el insostenible coste del sistema de salud, la necesidad de reformar un sistema de pensiones con una ratio de poco más de un trabajador por pensionista, quizás seguida de la rebaja de la edad legal para votar a los 16 años como en Argentina (están muy mayores a esa edad, ¿verdad?), así como políticas económicas más expansivas, con un menor foco en el control de la inflación, serán las señales de que el conflicto se encuentra en su apogeo.

Por lo tanto, me permito un consejo para los actuales mayores de 45 años: ahorren desde ahora y mucho para pagar su propia pensión, no esperen que venga nadie a pagarla, porque los jóvenes de hoy solo les van a devolver lo que ustedes les han dado: caridad.

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